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Justicia indígena a Benalcázar en Popayán

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El Morro de Tulcán fue un cementerio precolombino que existió 500 años antes de la llegada de los españoles. Era un templo sagrado donde se adoraban los dioses, el sol, la luna, las estrellas, la lluvia.

En los años cincuenta el arqueólogo Julio Cesar Cubillos realizó las primeras excavaciones para la construcción de un acueducto en el sector del morro, descubriendo que el cerro fue construido con propósitos religiosos en forma de pirámide y que la parte superior había sido recortada.

Julio Cesar Cubillos encontró catorce tumbas de adultos y niños. Vestigio arqueológico que data de mucho antes de que los españoles llegaran a conquistar estas tierras.

El Valle de Pubén o Valle de Pubenza, llamado así en homenaje al cacique Pubén, estuvo habitado por los pubenenses, adjudicatarios de la construcción del Morro de Tulcán y de crear la estructura con adobe y tierra pisada con el propósito de divisar el lugar donde habitaban.

Esta estructura fué su sitio sagrado y valioso testimonio arquitectónico ceremonial.

El pueblo Pubenense fué encontrado por el español Luis de Daza, mientras Sebastián de Belalcázar sometía a tribus al dominio Español.

Con la llegada de los españoles, la población indígena fué asesinada y, menguada después por el nuevo modelo político, social y económico de la corona Española.

A mediados de los años 30 del siglo XX, en el cumpleaños 400 de su fundación el poeta Guillermo Valencia había expresado interés en que se erigieran dos monumentos conmemorativos:

El primero sería la estatua ecuestre de Sebastián de Belalcázar, encargada al escultor español Victorino Macho. Y el segundo, el monumento al Cacique Pubén, a cargo del escultor colombiano Rómulo Rozo.

En el cerro debía eregirse la estatua del Cacique Pubén y en la plazoleta de San Francisco la estatua del colonizador español. No obstante, en la cima del Morro fue ubicada la imagen de Belalcázar, mientras el monumento del cacique desaparecia.

En honor a la defensa de su tierra y al lugar ceremonial de su pueblo en el morro de Tulcán debería estar un monumento al cacique Pubén, nombre que dió origen al nombre de nuestra ciudad producto de la deformación de la lengua Pubén por los españoles.

La estatua de Belalcazar en la cima destruida de la pirámide del morro de Tulcán, lugar ceremonial indígena, fue un acto de desprecio frente a los Pubenenses.

Los indígenas hoy reivindican a sus ancestros.

No faltaran los despistados, ignorantes o arribistas que desconociendo la historia o creyéndose de sangre europea fustigan a nuestros ancestros.

Tomado de: Las Yerbas del Calíope.

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