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Tumbaco, rechazar el mal uso de espacio público, haciendo mal uso del espacio público

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Tumbaco, la parroquia que se encuentra en el valle aledaño a Quito, hoy no tan alejada de la ciudad como antaño.

Sus calles cada vez más llenas de automotores y con el entorno campestre cada vez más distante, sus aceras en cambio abarrotadas de obstáculos que dificultan la movilidad de quienes habitamos en la parroquia.

Desde hace algunas semanas un colectivo ciudadano ha lanzado la iniciativa de liberar las veredas del centro de Tumbaco de las ventas informales sin embargo las estrategias que han propuesto contravienen en igual medida las ordenanzas e incluso las nociones más primitivas del sentido común.

Tumbaco que al parecer carece de gobierno local, así como de administración municipal, vive entre un desorden de tránsito, de comercio informal, una carencia de estacionamientos, inseguridad falta de espacios de recreación, a todo esto, hoy se suma una iniciativa ciudadana que en busca de solucionar un problema genera otro de igual magnitud.

En la estrategia planteada por el comité de vecinos denominada esta es mi vereda, que propone mingas, embanderamiento de las calles, estrategia en medios de comunicación, propone también la colocación de macetas, rótulos e inclusive mercancía de los locales comerciales en la vereda para de esta manera evitar el uso de este espacio público por parte de las vendedoras y vendedores informales.

El uso de las veredas con macetas y más elementos se convierte en una contravención igual o peor a la cometida por quienes en afán de llevar un pan a sus hogares ocupan el espacio público para realizar sus ventas.

Pero en esta tierra de nadie todo está permitido, desde tachar a todos los comerciantes como microtraficantes o delincuentes hasta poner obstáculos en las pocas veredas con piso podotáctil impidiendo la adecuada movilidad de las personas con discapacidad visual.

No nos sorprendamos cuando en afán de defender esos espacios comunes por iniciativa ciudadana resulte una pelea campal entre comerciantes informales y dueños de locales, hace falta la respuesta de la autoridades, ningún personero municipal ha querido brindar una solución, esto ha llevado a que las vecinas y vecinos se organicen y pretendan recuperar el orden parroquial; pero sin alternativas para que quienes honradamente han visto en el comercio informal una forma de llevar el pan a sus familias, lo único que se logrará es trasladar el comercio informal a otras calles u otros espacios, además atentando al derecho al trabajo que es universal y a la legalidad de muchos comerciantes que tienen licencia otorgada por la administración zonal.

Y todo este correteo y custodia de las veredas terminan a las 16h00 hora en la cual los escasos agentes de control terminan su jornada y los vendedores vuelven a ocupar las veredas que tradicionalmente han sido vitrina de sus productos.

Más allá de esta historia quiero dejarles una reflexión muy elemental, si nadie compra en las calles, nadie venderá en las calles.

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