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LAS MUJERES RESISTEN CONTRA LA VIOLENCIA MINERA

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Tomado de: La Raíz

Doña Teresa Trujillo nació en la comunidad Santa Marta de La Cocha y se dedica a fabricar quesos artesanales para su sustento diario, gracias a que su hermana le regala leche a cambio de cuidar a los animales.

Ella vivía tranquila junto a sus dos hijas, de 13 y 25 años, antes de la llegada de la minería metálica, pero el descubrimiento de grandes betas de oro en La Merced de Buenos Aires cambió drásticamente su vida.

Primero vivió la invasión de miles de mineros ilegales que puso en peligro su vida, ahora, vive la invasión de la empresa minera #Hanrine, que pone en riesgo su derecho a vivir en paz.“

El tiempo de la minería ilegal era capaz de coger e irnos no ve que vivíamos sólo tres mujeres, esas mineros siempre nos fastidiaban a la una y a la otra todo el tiempo”, dice.

La invasión de alrededor de 15.000 personas procedentes de diferentes ciudades de Ecuador y también del extranjero, en la denominada fiebre del oro de 2017, provocaron la ebullición de los más oscuros males sociales en Buenos Aires: violencia, drogas, prostitución y sicariato.

“Una vez nuestro perro llegó mordiendo un brazo de gente, era bien peligroso, en las minas murieron bastantes personas”, dice.

Abandonados por el Estado, los medios de comunicación y la fuerza pública, Buenos Aires se convirtió en un pueblo sin ley, donde regía la ley del más fuerte. “A mi hija pequeña tocaba ir a dejarle y a traerle del colegio, una vez nos siguió un señor drogado y tuvimos que entrar a la casa de una vecina y quedarnos ahí, por eso siempre tratábamos de regresar rápido a la casa”, recuerda.

Ignorados por el gobierno, a pesar de las innumerables denuncias de los mismos comuneros, muchas mujeres tuvieron que vivir la violencia perpetrada por la minería ilegal.

Dos años vivió Teresa acosada por personas desconocidas, hasta que en julio de 2019, luego de dos años en total abandono, por fin el Gobierno decidió intervenir con el mayor operativo policial y militar en la historia del Ecuador.Sin embargo, las pérdidas para Teresa son incalculables: primero perdió a su sobrina, quien falleció de tristeza luego de enterarse que su hermano fue abaleado cerca del colegio. Más tarde perdió a su hija, a quien “se la llevó un hombre que trabajaba en las minas”.

“Ahora vivo sola, ya no estoy con mis hijas y mi casa está justo al lado de donde están los camiones de la empresa minera”, dice.

Ahora Teresa es testigo de la violencia de la “minería legal”. Hace 16 días decenas de vehículos de la transnacional minera Hanrine llegaron a Buenos Aires con la intención de realizar actividades mineras de exploración, a pesar del rechazo del pueblo. Más de 200 personas se han instalado al ingreso del pueblo levantando viviendas móviles que rememoran la “ciudad de plástico”.

“Están frente a mi casa y como me quitaron el camino me toca entrar por atrás y me toca pasar por un derrumbo, pero antes una señora de favor me hizo unas graditas de palos, por ahí subo sino me caía mucho”, dice.Teresa ha sufrido tres caídas desde que llegó la empresa pues ya no puede entrar a su casa que se encuentra en la calle “San Francisco”, debido a la masiva presencia de camiones y camionetas.

Ella sale todos los días a las 5 y 30 de la mañana para sacar la leche, cuajarla y moldear cuatro quesos para venderlos en una tienda de la parroquia a 2$ cada uno. “No es duro hacer quesos sino que a veces llueve en las mañanas, toca ir mojada y regresar estilando, igual justo me ha dado la gripe y ando así medio mal”, dice.

Lamentablemente Teresa se enfermó el domingo mientras acompañaba a sus vecinas y vecinos en la vigilia para impedir el ingreso de la empresa.

“Ese día me quedé hasta las 11 de la noche de ahí me fui a descansar pero la lluvia me dio gripe, desde ahí estoy enferma, porque sólo nos cubrimos con plástico y por el viento se moja las piernas”.

Como ella, muchas mujeres de La Merced de Buenos Aires se han declarado en resistencia contra la minería legal e ilegal. Recuerdan muy bien lo que vivieron con la minería ilegal, ahora prefieren continuar siendo agricultoras, ganaderas y queseras. Prefieren defender el agua con la que cuidan a sus animales, riegan sus cultivos y preparan los alimentos. «Ojalá se fuera esta empresa, teniendo que ir a trabajar nos toca estar ahí pendientes noches enteras para que no entre», dice.

El Gobierno acusa a las comuneras de Buenos Aires de «mineras ilegales», por oponerse a la presencia de la empresa minera.

A Teresa no le importan estas acusaciones ni enfermarse por salir a cuidar su parroquia. A mujeres como Cecilia les importa recuperar su paz.

#SosBuenosAires#BuenosairesResiste#ViolenciaContraLaMujer

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