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Violencia sexual durante el Paro Nacional, el cuerpo de la mujer visto como botín de guerra

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Tomado de: El Cuarto Mosquetero – Colombia

El Paro Nacional inició el 28 de abril, y con este un despliegue de violencia en una diversidad de expresiones por parte de la fuerza pública hacia las y los manifestantes. A través de la plataforma Grita de la ONG Temblores, se han registrado hasta el momento más de 2.378 casos de violencia policial, entre estos, 27 son de violencia sexual y basada en género. 

Por supuesto, en Colombia, un país sumido en más de 50 años de conflicto armado, también se ha forjado un repertorio de crueles violencias basadas en género. Según el informe ‘Cuerpos marcados, crímenes silenciados’ de la organización Amnistía Internacional, las mujeres colombianas se han convertido en objetivo militar y en las principales víctimas de una guerra en la que son violadas, mutiladas y asesinadas, muchas veces por ser consideradas un “blanco útil para humillar al enemigo”. De acuerdo con el documento, entre el 60% y 70% de la población femenina en el país ha sido en algún momento de su vida víctima de distintas formas de violencia, siendo el abuso sexual la práctica más común. 

En el país, las mujeres siguen siendo botín de guerra y sus cuerpos siguen siendo vistos como sinónimo de posesión. Basta con echar un vistazo al panorama actual. Hoy el Paro Nacional cumple 23 días y con estos han aflorado las denuncias por abuso sexual y violencias basadas en género. En Acacías, Meta, se conoció el 2 de mayo un video en el que se escucha que un agente del Esmad le dice a unos de sus compañeros: “¡Déjela pasar y hágale lo que quiera!”, indicándole así que deje cruzar por una calle a un grupo de mujeres que protestaba ese día. 

Pero el caso que más conmoción ha generado durante estas jornadas de protesta, es el de Alison Meléndez, una joven de 17 años de la ciudad de Popayán que se suicidó tras un presunto caso de agresión sexual por parte de miembros del ESMAD. En redes sociales, circuló un video que muestra el momento en el que cuatro uniformados capturan a la menor, quien aparentemente se encontraba grabando las manifestaciones. En medio de la detención, la muchacha manifestó que “le estaban quitando el pantalón”. 

Aquí se puede ver a detalle lo ocurrido la noche antes de la muerte de Alison. 

El caso desató indignación masiva y manifestaciones feministas en todo el país. Incluso, la URI a la que fue ingresada Alison la noche anterior a su suicidio resultó incendiada en medio de las protestas. 

Al día siguiente se conoció el caso, en esa misma ciudad, de Emili Tatiana, de 17 años, quien fue detenida por la Policía y mientras era trasladada a la URI, los uniformados le gritaban palabras sugestivas. “Me decían que me querían lamer, que me quería violar y que me bajara los pantalones. A otra niña también le hicieron lo mismo”, denunció en presencia de su mamá.

Aquí puede ver la denuncia: https://bit.ly/3f3rEdi 

En Cali, también hubo un caso que generó revuelo. Diana Fernández Díaz denunció, a través de su cuenta en Facebook, que fue víctima de abuso sexual por parte de un integrante del Esmad durante un plantón en esa ciudad. La mujer escribió que los uniformados separaron al grupo con el que protestaba haciendo uso de gases y aturdidoras. “Los hombres fueron golpeados y llevados y las mujeres separadas. En ese momento se acercó uno del Esmad y abusó de mí, en presencia de todos sus compañeros, incluida una mujer (…) me manoseó y metió su mano en mi zona íntima”, relató.

Entre el 2017, 2018 y 2019, Medicina Legal registró 241 hechos de violencia sexual cometidos presuntamente por miembros de la Fuerza Pública, según el informe “Bolillo, Dios y patria”. Sin embargo, se presume que hay un subregistro en las cifras, pues “existe un silenciamiento alrededor de la violencia sexual porque social y culturalmente está normalizada, muchas veces se traslada la culpa a las víctimas, las instituciones responden con estigma y revictimización o no registran los hechos si no hay pruebas físicas y el acceso a la justicia es muy bajo”, afirma la investigación de Temblores.

La ONG además realizó una indagación exhaustiva sobre este tipo de hechos ocurridos durante el Paro Nacional, en los que incluso, existen hombre violentados. Estos datos fueron registrados en GRITA entre las 6:00 de la mañana del 28 de abril y las 11:59 de la noche del 18 de mayo. Cabe explicar que, los hechos de violencia sexual documentos corresponden a actos sexuales en los que se viola la intimidad fisica de la persona sin consentimiento o de manera coercitiva. La violencia basada en género se compone de hechos violentos en razón al género de la víctima y puede incluir violencia física, verbal, económica o sexual.

Entre los hechos que registró Temblores dentro de la categoría de violencia sexual se evidencian acciones de desnudamiento forzado, tocamientos y violación. 

Un flagelo histórico

Pero esto no es una práctica de ahora y no solo ha pasado en Colombia. La violencia sexual se ha constituido como una práctica histórica de guerra y terrorismo. La Comisión de Crímenes de Guerra de la ONU fue la primera organización internacional en incluir la violación como un delito grave, pero no lo fue oficialmente hasta el 2008 con la Resolución 1820, que indicaba que “la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o un acto constitutivo de genocidio”.

Uno de los ejemplos que más resalta es de la actuación de las tropas de la Unión Soviética en la derrota de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Ese momento condenó a miles de mujeres alemanas que fueron violadas por soldados soviéticos. Según la BBC, existen registros de innumerables de estos crímenes cometidos por tropas del Ejército Rojo en Berlín, aunque no se habló del tema en los años siguientes al final de la guerra, y particularmente es tabú en Rusia hasta la fecha. Debido a la censura en torno a estos hechos, hasta la fecha no se ha podido establecer una cifra oficial de víctimas. Sin embargo, en una investigación publicada por la historiadora Miriam Gebhardt, se afirma que “Tras la guerra, por lo menos 860.000 mujeres y niñas fueron violadas por los soldados que ocuparon la región y por sus ayudantes. Sucedió en todas partes”. Los abusos no solo fueron por militares soviéticos sino en general, por soldados aliados (Reino Unido, la Unión Soviética, los Estados Unidos y China).

Y para ir más atrás en la historia, el pintor francés, Paul Jamin, denunció ese tipo de violencia en varias de sus obras, una de las más célebres es ‘Le Brenn’ en la que representa un hecho histórico de la Guerra de las Galias. Tras la Batalla del Alia, en la que el ejército galo derrotó al romano en el 390 a. C. y se procedió al saqueo de la ciudad de Roma. En la pintura se retrata el momento en que Le Brenn, jefe de la tribu de los Brennos, irrumpe en una estancia para cobrar la parte del botín que considera le corresponde como acto de justicia: joyas, ricos tejidos, monedas, obras de arte, una cabeza masculina cortada probablemente a un enemigo y cinco mujeres jóvenes.

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