Inicio Ecuador Si ellos hacen huelga de hambre, nosotros hacemos nuestra parte.

Si ellos hacen huelga de hambre, nosotros hacemos nuestra parte.

807
2
Maestra con cartel respaldo
Yo por ellos y ellos por mi.
Compartir

Era el mediodía del martes 20 de julio de 2021. Agarrar bolsos, cámaras, micrófonos, baterías, era la prioridad. Cada uno con una mochila, con miedo por el covid y la distancia con la familia, con el corazón apretujado, con la ansiedad de la distancia. Subimos al carro y emprendimos viaje, recorrimos las huelgas.

Ocho días atrás, los maestros se habían instalado en la huelga de hambre, algunos debieron levantarse y dejarla, sus cuerpos con maltrato anticipado no daban más. Guayaquil en la Plaza, Quito en la Asamblea, Manabí en la Casa de la Cultura, Ibarra en la Gobernación, Santo Domingo en el Municipio, Cotopaxi al pie de la Iglesia, todos con hambre, con el golpe de la falta de alimento en sus cuerpos, con ánimos a veces, decaídos otras. Ven llegar a la gente y se muestran firmes; ellos son el ejemplo ante sus compañeros, un ejemplo de lucha para el pueblo.

«Me puse de pie como pude, agarré mi suero en una mano y caminé hacia mis hijos. Una compañera, me quiso ayudar y yo no podía permitirlo. Mis hijos estaban viéndome, ellos no podían verme así» me comentó Gabriela en la Plaza San Francisco, lucía demacrada. Yo la había visto cinco días antes, grande, fuerte, escandalosa, pero ese día cumplía 14 días sin comer.

Un día antes en la Casa de la Cultura, Kelvin lloró ante mi cámara «tuve que cantarle el cumpleaños a mi hijo por videollamada y desde este colchón. No pude estar en su sexto cumpleaños. Me envió una carta; diciendo vuelve pronto papá. Te amo.»  y me la mostró. Yo también quise llorar, quise abrazarlo, pero con 13 días en huelga, su salud podría afectarse si tenía contacto con los demás.

Fuimos a buscar también a los que estaban fuera del Municipio. Eran 5. «Mi hija tiene 6 años y no entiende qué hago aquí, ella pregunta cuando voy a volver. La extraño,  quiero volver, pero debo estar aquí por ella también» dijo Gloria antes de aguardar en silencio tratando de ocultar sus lágrimas.

A Diana la encontré sentada en su colchón frente al parque, a los pies de la Iglesia, estaba abrigada, tenía mucho frío y cuando le pregunté hasta cuando estaría, dijo «Este es mi lugar, junto al pueblo por días mejores, por mi familia, por los niños. Ayer vino mi papá con mi hermano, quieren que vuelva a casa, pero esto también es por ellos. » Luego guardó silencio, yo sabía que no debía preguntar más y le pedí disculpas por eso.

Villacis, en la Gobernación me decía «Hoy voy a entregar mi salud y mi vida por una causa justa. Mi hija lo sabe, me respeta y está aquí todos los días porque me apoya y eso me hace más fuerte”»

El Gato Elvin, mantuvo su discurso de barricada frente a mi cámara, firme e indomable. Cuando llegué, me saludó desde lejos con su escandalosa algarabía «¡ahí llegan los de las cámaras! Cuenten lo que vivimos muchachos, hagan su parte»

No tengo fuerzas para contar más sobre ellos, sus historias son duras y sus sueños tan grandes. Debí quedarme en silencio en muchas ocasiones, mis compañeros de mil batallas, contaban sus historias en sus rostros.  Yo usaba todas mis fuerzas para no llorar, mientras ellos llevaban la lucha por sus derechos al nivel más alto que un ser humano pueda soportar. Pusieron en riesgo su vida, 14 días sin comer. 14 días de luchar.

Llegó la ministra, el Gobernador, algún medio de prensa, todos llegaron, nadie les dio solución.

En Guayaquil pregunté a una huelguista, qué es lo más fuerte que le ha tocado vivir en la huelga y sus ojos se llenaron de lágrimas «Cuando creímos que perdíamos a Alex. Cada amanecer nos preguntamos los unos a los otros en qué estado amanecimos. Esa mañana Alex no estaba bien, se sentía débil, estaba frío, muy frío. Tenía sed, pedía agua. Le dimos agua y estaba desesperado. Los compañeros de la guardia lo revisaron y notaron que estaba mal, de pronto comenzó a convulsionar. ¡No sabíamos que hacer! Nosotros corríamos de un lado al otro bajo la carpa, tratando de ayudarlo, pensando qué hacer. Los compañeros de la logística llamaban a los médicos, al 911. Tuvimos miedo, nunca vi el miedo tan cerca. ¡Alex se nos iba! Un médico apareció, no sé de dónde, le dio primeros auxilios y lo estabilizó. Cuando Alex entró en sí, me dijo que no se quería ir, que su deber era permanecer en la lucha. Le pedí que se vaya, que lo necesitamos vivo.»

No tengo más líneas para contar todo lo que escuché, las lágrimas que vi frente a mi cámara y las que evité que salgan de mis ojos. Yo no tenía porqué llorar, eran ellos quienes lo vivían mal.

Dos cosas más quedaron marcadas en mi memoria; Mechita de 62 años de edad y 29 de labor miró fijamente a mi cámara y dijo «aquí no rogamos, aquí reclamamos lo que por derecho y lucha nos corresponde. La Ministra nos visitó y no ha hecho nada, el Presidente hace de oídos sordos. Por dos personas que interpusieron una demanda de inconstitucionalidad, tenemos a más de 50 maestros en huelga y tendremos a miles en las calles. ¡El derecho es nuestro!» Y me mostró la carta que su nietecita envió junto a 8 caramelos. Otra, que fue desvinculada en pandemia, me habló de sus dos hijos con discapacidad que se quedaron al cuidado de su familia en Santa Elena mientras ella arriesga su vida hoy en la huelga.

A Kemi le pregunté ¿hasta cuándo? y respondió «hasta la victoria o la muerte»

Profes y profas; unos en huelga de hambre y otros en las calles. Hoy mi equipo y yo volvimos a casa, con sus historias y sus dolores, nos comprometimos a contarlo; por mi profe Anita del jardín, por Mariana de la escuela, Blanca del colegio, Manuel y Maritza que además de profes son mis padres, por Haidé, Mechita, Jara, Fernando, Maité, Edwin, Raúl, José, Carlos y muchos más; ustedes hacen huelga de hambre y nosotros contamos la historia, ¡haremos nuestra parte!

Califica este contenido

4.7 / 5. 41

Compartir

2 Comentarios

  1. Mun bueno este artículo realmente nos permite conocer la verdadera realidad de ese maestro, que a la vez es padre, madre, esposa o esposo, hijo o hija, hermano o hermana que ofrenda su vida por los derechos de la educación inclusiva para todos. La prensa amarillista eso no dice no informa solo está al servicio de los grupos de poder, gracias Nataliciaa

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here