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Rosita Paredes, la heroína popular

“Porque el pueblo no es el santo que muestra la otra mejilla/ Sino el labriego que trilla la mala hierba cantando”

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Se vivían días duros en mayo de 1973. La dictadura militar del Gral. Guillermo Rodríguez Lara tenía al país movilizado en contra de la “sustitución de importaciones” donde el aparente desarrollo traía como consecuencia más explotación para la clase obrera ecuatoriana. Los sectores populares se mantenían movilizados pese a la brutal represión de parte de los gobernantes pese a sus estrategias para coartar las libertades públicas como el derecho a la organización, movilización, asociación y hábeas corpus.

Era agosto de 1973 y al tiempo que estas medidas dictatoriales agravaban la situación de los ecuatorianos, el Ministro de Educación de aquel entonces, Gral. Guillermo Durán, fraguó la campaña “útiles escolares gratuitos” que según la publicidad difundida habría llegado a todos los niños ecuatorianos en edad escolar, pero que a ciencia cierta se sabía sólo se entregó pocos cuadernos de 20 hojas para algunos niños.

La dirigencia de la Unión Nacional de Educadores no se quedó callada y lo denunció por televisión nacional, dando como resultado la cancelación inmediata de sus dirigentes máximos. Los maestros de forma unitaria y a nivel nacional levantaron un movimiento en defensa de los maestros cancelados y por la dignidad del magisterio.

Se llevaron a cabo asambleas de maestros en todas las provincias del país. En Guayaquil, la reunión se efectuó en la Casona Universitaria donde resolvieron exigir la salida del Ministro y la restitución laboral para sus dirigentes, por lo que se declaró Paro Nacional y como una de las primeras medidas se convocó a la Marcha De La Dignidad Del Magisterio.

Eran las tres de la tarde de un 10 de agosto, la marcha avanzó hasta la Columna de los Próceres del Parque centenario, luego de los discursos las maestras se dirigieron hasta el Mercado Central para efectuar un mitin político. Entre ese grupo de maestras caminaba una joven que no hace mucho se había convertido en maestra y que en sus años de secundaria hacía activismo político, e incluso proclamó “Yo daría mi vida por la FESE” porque soñaba con una patria nueva de niños y niñas con educación de calidad y más oportunidades.

Rosita Paredes, un pueblo en erupción.
Rosita Paredes, un pueblo en erupción. Obra del pintor Alberto Carcelén, realizada en óleo sobre tela de 80 x 60 cm.

Caminaban por la calle Clemente Ballén cuando un trucutrú las interceptó; había un oficial de pie frente a ellas apuntando directamente a sus cuerpos y comenzó a disparar bombas lacrimógenas. De pronto una maestra se desplomó en el suelo, era Rosa. ¡Era Rosita! Una bomba impactó contra su frente y yacía su cuerpo inconsciente en el piso.

Se hicieron esfuerzos para salvar su vida, los militares impidieron que fuera atendida en alguna de las clínicas a las que fue llevada. Burlando la acción policial; sus compañeras y compañeros la llevaron a la clínica Guayaquil y el Dr. Harb se negó a operarla mientras no se paguen los gastos para la intervención.

Eran las dos y media de la tarde del 11 de agosto de 1973 y al tiempo que sus ojos se cerraban para siempre; sus sueños de libertad, de niños felices, sueldos justos y patria nueva se esparcían para ser acogidos por el pueblo, quienes la proclamarían, ¡Heroína popular!

El pueblo Guayaquileño fue testigo de la lucha del magisterio y del vil asesinato de una de sus hijas. Treinta mil eran, apostados en las bocacalles a lo largo de la Av. Quito, helicópteros sobrevolaban el sepelio y el despliegue militar se hacía presente listos para la guerra, una guerra contra el pueblo.

Fueron treinta días de combate popular, hirieron y asesinaron a otros tantos, pero incluso las madres salieron a las calles a gritar porque vieron en Rosita a una de sus hijas, cobardemente asesinada.

La prensa no contó la verdad, los libros de historia auspiciados por el poder económico no quisieron contarlo, pero los hombres y mujeres nuevas, los historiadores del pueblo recogemos su nombre, contamos su historia y revivimos su lucha.

De carácter dulce y tranquilo, callada y sencilla, de las mejores hijas del pueblo. Hoy su nombre es denuncia y canción de protesta: “Cuáles han dicho que has muerto, Rosita Paredes, Cuáles/ Tanto dolor no es eterno se está acabando el momento/ de acabar con este infierno del que el pueblo es alimento/La mujer has demostrado Rosita Paredes Jumbo/que puedes seguir el rumbo rebelde del explotado/ir derribando este odiado sistema de tumbo en tumbo/ y construyendo uno nuevo, más justo y bueno en el mundo.”

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